¿Cómo se hace para hablar en lenguaje inclusivo?

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Por Sol Minoldo

Algunes amigues me cuentan que les gustaría hablar en lenguaje inclusivo pero tienen miedo de hacerlo mal, así que por las dudas, no lo hacen. Otras veces escucha personas que preguntaban si tal o cual forma no era incorrecta, o preguntaban dónde se podía consultar.
Lo cierto es que, por un lado,  hay varias formas de hablar con lenguaje inclusivo, y no podemos decir que ninguna esté “mal”. Pero por otro, sí que hay cosas que no tienen nada que ver con el lenguaje inclusivo.

¿Qué palabras se transforman?

El lenguaje inclusivo pone en disputa el género que usamos para hablar. Es decir, el género gramatical. Y como hay palabras que no tienen género gramatical, no va a haber nada que cambiar ahi. Por ejemplo, los verbos (o sea, las palabras con las que hablamos de acciones), no deberían cambiar.

Si cambiamos una, deberíamos cambiar todas.

En español hay una regla de concordancia de género y número. Cuando hablo de algo, los artículos, adjetivos y pronombres que use para referirme a ese algo, deben coincidir con su género gramatical y con el singular o plural, según sea el caso. Si yo digo trabajadora, la concordancia deberá respetar el género gramatical femenino y el número singular. Bueno, cuando hablamos en inclusivo pasa lo mismo. Si digo “todes”, y voy a adjudicar a todes un adjetivo, ese adjetivo debe estar también en género neutro por cuestiones de concordancia. Así, por ejemplo, “todes son polítiques” y no “políticos”.


Los casos grises

Hay palabras que, aunque tienen género gramatical femenino o masculino, son neutras. Es el caso de palabras que no tienen la posibilidad de decirse en otro género, como individuo, persona, gente, viento. Cuando las usamos genéricamente, no estamos imponiendo una forma masculina o femenina, porque no tiene un género específico para cada caso. En estas palabras, podríamos considerar que neutralizar el género es “innecesario”. Que ojo, no quiere decir que hacerlo sea incorrecto.

Otras palabras, si tienen género, pero lo descubrimos porque cambian sus modificadores (adjetivos, artículos), mientras que la palabra permanece siempre idéntica. Es el caso de turista, periodista o violinista. En estos casos, para hablar de manera inclusiva alcanzaría con neutralizar las palabras que marcan género. Modificar la palabra, que es indistinta en ambos géneros, sería otra vez “innecesario”.

De todos modos, hay palabras que si bien son verdaderamente genericas y puede parecer innecesario neutralizarlas, tienen una connotación masculina, pegada a su significado, que hace que valca la pena intervenirla. Podría ser el caso de la palabra presidenta (que aclaro por las dudas, la reconoce hasta la real academia española).

Vale aclarar que tenemos adjetivos neutros, que ya terminan con “e” y no requieren que cambiemos nada: importante, imprescindible, etc.

Cómo neutralizar el género gramatical

La propuesta del lenguaje inclusivo es crear un género neutro, que no sea ni femenino, ni masculino, sino verdaderamente neutro.
Para los artículos, en lugar de “el” y “la” vamos a decir “le”. En vez de “las” y “los”, va a ser “les”.

Para los pronombres, en vez de “ella” y “él” va a ser “elle”. En vez de “ellas” y “ellos” va a ser “elles”.

Para el caso de los sustantivos y de los adjetivos, nunca vamos a tener que cambiar más de una vocal (o agregar más de una “e”). El cambio siempre va a afectar esa parte de la palabra que marca género, y está en la terminación.

Por ejemplo, la palabra “maestra/maestro”. La marca de género está claramente en la terminación tra/tro. Sustituimos el lugar de la vocal con la “e” y ya tenemos nuestra palabra en género neutro: “maestre”.

Una cuestión de preferencias

Hay palabras que admiten dos formas diferentes de construir la versión neutra. Son esas palabras en las que la forma femenina se construye conservando la terminación masculina. Por ejemplo  “locutor/locutora”, “trabajador/trabajadora”. En estos casos, el neutro podría ser “locuter” o “locutore”. Hay un complejo debate sobre cuál sería la forma más adecuada. Si en realidad “locutore” sigue construyéndose sobre la forma masculina, y demás.

Lo cierto es que en la práctica, la diferencia visible es que al usarlo en plural una de estas opciones es bastante más disruptiva que la otra. La que neutraliza la forma masculina suena super rara: locuteres. La que conserva la terminación masculina suena exactamente igual que el plural del masculino actual: locutores. Va a pasar lo mismo con trabajador, senador, etc. Si optamos por la menos disruptiva, no hay que olvidar acompañarla de adjetivos y artículos neutros.

¿Cuándo neutralizar el género gramatical?

Primera elección

Acá hay tres opciones, de menos a más radicales. No se puede decir que una u otra sea incorrecta, sino que se trata de diferentes posturas.

  1. Usarlo únicamente para palabras que refieran a sujetos sexuados que puedan autopercibir una identidad de género
  2. Usarlo únicamente para palabras que refieran a sujetos sexuados
  3. Usarlo para absolutamente todas las palabras que tienen género

Segunda elección

Acá hay dos opciones, una menos radical que la otra. De nuevo, no es que una esté bien y otra mal, son diferentes posturas.

  1. Usarlo cuando nos referimos a grupos compuestos por sujetos de diferente sexo/género, cuando nos referimos a sujetos en general, o hablamos de una persona en abstracto (aunque sea en singular). También cuando no conocemos el género de la persona de la que hablamos
  2. Usarlo también cuando, aunque conozcamos el género de la persona o nos estemos refiriendo a un grupo donde todes tienen el mismo género, el género no sea información relevante.Es decir, nos referimos a las personas de manera neutra por defecto, a menos que querramos explícitamente marcar género en la comunicación (Si hablo de un grupo de alumnes y son todas mujeres, solo dire alumas si quiero explícitamente informar que eran mujeres. Por defecto voy a decir alumnes).

En definitiva, no es que se pueda hacer de cualquier manera, pero si hay diferentes posibilidades que no están más o menos bien, sino que implican posturas distintas respecto de qué es lo que queremos cambiar, y cuanto queremos incomodar para visibilizar el problema. Lo importante es que reflexionemos sobre por qué preferimos adherir a unas u otras, y que tratemos de usar la opción que nos guste con consistencia. Porque mientras más confuso sea el sistema que aplicamos, menos posibilidades habrá de que sea adoptado por otres.