Editorial 28/05/2019

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Estamos 
otra vez
ante la posibilidad histórica de legalizar la interrupción voluntaria del embarazo
que no se embarre en la bizantina discusión por el inicio de la vida
único bastión de la reaccionaria derecha eclesiástica
que sirve para seguir criminalizando mujeres
parece más importante sacralizar un embrión
que defender la salud de las mujeres pobres
condenadas a jugarse la vida en la clandestinidad
es urgente generar nuevas políticas públicas de salud
para proteger los derechos de miles de ciudadanas
acciones concretas para que ninguna mujer muera por abortos mal practicados
no se puede basar una ley en creencias religiosas
sino en la responsabilidad sobre un problema real donde debemos actuar
excede las posiciones personales de los congresistas
la catarata de argumentos flojos de ciencia y conciencia social
nos está llevando a un camino de confusión y engaño
un combo de creencias arcaicas que intenta arrebatar la autonomía sobre los cuerpos
es que para ellos el cuerpo de una mujer es de otro
del marido, del patrón, del médico, del hijo, del Estado y finalmente de Dios
el aborto es un derecho colectivo
cada mujer decide como, cuando y con quién reproducirse
y en esa lucha por el poder y el derecho
lo que se pone en juego son los cuerpos gestantes en su dimensión política
Educación sexual para descubrir
anticonceptivos para disfrutar
aborto legal para decidir