Editorial: «Vivas, libres y autónomas»

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Subversión de Marta Dillon por Camila Argüello

Ni una mujer menos muerta por ser mujer

y haberse atrevido a decir no,

no al uso de su cuerpo,

no a ser cercada dentro de relaciones violentas,

no a que se recorte su participación en la sociedad,

la política, los encuentros con amigas, el trabajo o la actividad que ella decida.

la violencia machista existe para eso:

para aleccionar a las mujeres,

para reponerlas en el lugar subalterno frente a la autoridad masculina,

frente al acuerdo de que los varones tienen una sexualidad compulsiva

y las mujeres deberían cuidarse de provocarlos o pagar las consecuencias;

es el intento desesperado por custodiar un orden de dominación

cuando siente que tambalea y entonces se impone con violencia.

cuando las mujeres reclaman soberanía sobre sus cuerpos, sus vidas, sus relaciones y sus logros

entonces quienes desde siempre detentaron privilegios temen perderlos

y aplican su propia lógica de poder:

la reducción de la autoestima, la descalificación, el acoso sexual sea en la calle o en cualquier otro lugar donde las mujeres se desenvuelven y se relacionan con otros, los golpes, hasta la muerte.

No hay tal cosa como esencia femenina, ni instinto materno, ni ninguna propensión natural hacia el deseo de ser una princesa atrapada en una torre esperando que un caballero la rescate.

Todas estas cosas son construcciones culturales que le han servido a unos y han organizado la dominación de las otras.

Es la forma en que se educa a las nenas, en la sumisión y el convencimiento de que deben ser dóciles, cerrar las piernas, no jugar al fútbol como machonas.

Es necesario delatar los mecanismos de un sistema patriarcal que ya no se resiste pero que se defiende de la decadencia a golpes de puño.

Poner palabra y acción ahí donde antes había indiferencia.

Nos importan las muertes de las mujeres, pero sobre todo nos importan sus vidas, sus trayectorias, sus historias, sus voces.

Importan vivas, libres y autónomas.