Claudia Masin: «Escribo sobre el cuerpo como aquello que se va conformando en torno al deseo»

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Conversamos con la poeta y psicoanalista Claudia Masin sobre su nuevo libro de poesía El cuerpo, editado por Portaculturas en la ciudad de Córdoba. El cuerpo es parte de una trilogía (basada en películas) cuyo primer tomo es Lo intacto y el tercer tomo aún no está editado. Hablamos sobre el rol de la cultura y en particular la literatura durante el confinamiento.
En relación a la temática que atraviesa los poemas de todo el libro, Claudia aborda el cuerpo «como construcción, como aquello que se va conformando en torno al deseo» donde «está muy presente la experiencia amorosa, del amor y el desamor, el encuentro y el desencuentro, como experiencias que marcan el cuerpo».
Para cerrar la entrevista, Claudia nos regaló un poema en su voz:
ByeByeBlondie
(basado en el film de Virginie Despentes)

Yo no estoy curada. Me dieron
en la boca la medicina que podía
calmar la ira, la tendencia a gritar, a revolverse
cuando la aguja se hunde
y saca sangre del pozo de la vena,
como si fuera barro y hubiera
que limpiar el cuerpo, sus impurezas,
porque una mujer, cualquier mujer
ensucia lo que toca si no es sometida
a intensos rituales de desinfección, de brutal
pero necesaria limpieza. Yo no estoy
curada pero me dejo
hacer, brillo como una santa, la misma fe
en cosas imposibles, la misma
pasión con un nombre
diferente. No me será quitada
la rabia, ni muerta
esta perra dejará de echar espuma
por la boca ni de lanzar la dentellada
si la quieren
poner a dormir para que no sufra
ni cause sufrimiento. Vos y yo teníamos
un secreto. Estábamos vivas
aunque nos hiciéramos las muertas,
en medio del bombardeo un par de cuerpos
que sobreviven con una única
estrategia: quedarse quietas, no revelar
que están ahí, no dejar que el pecho se mueva
con cada respiración, desaparecer
del mundo de los vivos hasta que los vivos
nos dejaran en paz. La batalla es cruenta
y dura todos los años que tuvimos
y tendremos. Cuando parece terminar,
empieza. Y de nuevo a cubrirnos las espaldas
la una a la otra. No te vayas, no te canses
de pelear, un ejército de dos aunque parezca
modesto, inofensivo, puede hacer temblar
la tierra. No es que vayamos a cambiar las cosas:
la victoria es que las cosas
no nos cambien a nosotras. Y no es poco,
no es poco seguir buscándonos
en la noche como insectos que se apiñan
alrededor de la luz. Si vamos a quemarnos al menos
elijamos el fuego, encendámoslo nosotras
con las manos llagadas que tenemos y que la llaga
duela si tiene que doler, pero que sea
en nuestros términos, locas,
raras, mujeres que olvidaron
contra toda evidencia
cómo deben morir las mujeres:
dejándose matar
y agradeciéndolo.

(El cuerpo, 2020)