Matías De Stéfano Barbero: «Para construir una persona que ejerce violencia hay que imprimirle violencia»

Matías De Stéfano Barbero

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Este mes salió a la luz el libro «Masculinidades (im)posibles. Violencia y género, entre el poder y la vulnerabilidad», de Matías De Stéfano Barbero. Publicado por la editorial Galerna, la obra aborda desde una perspectiva antropológica la construcción de las masculinidades de los varones que ejercieron violencia contra las mujeres en la pareja.

En este marco, el programa Subversiones, que se emite por la FM 102.3, conversó con el autor sobre el libro, la violencia de género y las masculinidades. De Stéfano Barbero es doctor en Antropología y miembro del Instituto de Masculinidades y Cambio Social.

«Masculinidades (im)posibles» comienza con una premisa interesante: la necesidad de trabajar con aquellos que ejercen violencia. Como ejemplo, el autor rescata un juego lingüístico planteado en los años 80:

«Empezamos con una escena donde Juan violenta a María, después María fue violentada por Juan, luego María fue violentada y finalmente María fue víctima de violencia. Así solemos pensar la cuestión de la violencia: nos centramos en las personas que la sufren».

«Con esa percepción, la víctima de violencia queda definida de esa manera, como si fuera lo único que es, y Juan queda desterrado, se considera como algo que se podría solucionar con cuestiones punitivas», continuó.

Y cerró: «El libro propone una vuelta a Juan, a esa escena donde Juan violenta a María e incluso más atrás: ir viendo quién es Juan, que pasó, cómo se construyó ese momento».

El trabajo con varones que ejercen violencia

Matías incluyó en el libro sus experiencias en la Asociación Pablo Besson en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde coordinó encuentros grupales e hizo entrevistas en profundidad con sus participantes, todos varones que ejercieron violencia. 

Ante esto, en el ámbito del feminismo es común la discusión sobre si «vale la pena» tratar con estos varones y si por ahí, al considerar una problemática macro, no se cae en una justificación de esa violencia que ejercen.

El autor considera que «ese miedo tiene que ver con la ausencia del análisis sobre la cosa. Si se puede acusar a alguien de humanizar a los varones que ejercieron violencia es porque hay discursos que los deshumanizan. En muchos casos tiene que ver con una ausencia de reflexión».

Porque, aseguró, la violencia no nace cuando aparece, cuando la vemos por primera vez. De hecho, «cuando Juan violenta a María no es la primera experiencia que tiene Juan con la violencia», señaló De Stéfano.

«En el afán de condenar la violencia, que es celebrable, nos quedamos con esa condena y me parece que poder entender de dónde viene, cómo se produce, está lejos de justificarlo. La propuesta es no quedarnos con la conciencia tranquila, todos estamos de acuerdo con que la violencia es condenable», expresó.

Y añadió: «Pero después de eso tenemos varias opciones: el punitivismo, la responsabilidad individual, o entender cómo se producen esas condiciones, cuánto tienen que ver la estructura social, el género, la experiencia de vida; para ver cómo se puede subvertir y no tomarla como un estado de cosas que van a desaparecer por ósmosis, por arte de magia o apartarlos: ya sabemos que eso no funciona».

Nadie está exento del ejercicio de la violencia. Es preciso creer que la gente puede transformarse, puede cambiar.

Matías De Stéfano Barbero

¿Cómo se construyen los varones que ejercen violencia?

El libro tiene dos partes: una teórica, donde se realiza un análisis y un repaso en torno a los conceptos y puntos de vista que hubo históricamente en torno a la violencia, y otra donde se retratan a algunos de los varones con los que trabajó el autor.

En ese marco, es impactante leer algunas de las historias que traen consigo esas personas. Violencias previas, miedos, falta de diálogo. Por esto, De Stéfano planteó: «El enfoque con el que trabajamos, de violencias más cotidianas que no llegan extremos más fuertes (como los femicidios), tiene que ver con la reflexión sobre el proceso: el lugar que ha tenido al violencia en hacernos varones».

Y remarcó: «Para construir una persona que ejerce violencia hay que imprimirle violencia». Frente a esta realidad, propone la importancia de la prevención temprana. Por ejemplo, con la Educación Sexual Integral desde la primera infancia: «No tenemos que esperar a que un varón ejerza violencia de una manera u otra».

Sobre la violencia de género

El autor propone en el texto un término más específico para considerar el acto de violencia de los varones hacia sus -por ejemplo- parejas. Plantea trabajar con «violencia masculina contra las mujeres» en lugar de violencia de género.

Esto ya que ese último término ya fue tan utilizado y difuminado -en medios de comunicación y publicaciones académicas- que a veces generan problemas. Cabe recordar que los conceptos tienen alcances y limitaciones.

«Violencia de género, en el sentido común, termina reduciendo el género a mujeres. Es un concepto más amplio, tiene que ver con el sistema de género. Hay autores, y yo lo creo también, que plantean que la homofobia es una forma de violencia de género. Tiene que ver con cómo los varones nos hacemos varones. Si me dicen maricón porque hago algo de mujer en esta sociedad, tiene que ver con el género, tiene que ver con cómo nos construimos como varones y mujeres», expresó.

La experiencia de trabajo con varones que ejercieron violencia contras las mujeres

Surge la duda de si es útil la inversión estatal en espacios para trabajar con varones. Ante esto, De Stéfano asegura que sí, que funcionan «Los casos con los que trabajo en el libro la mayoría son varones que dejaron de ejercer violencia, no tuvieron otras denuncias, no volvieron al espacio», rescató.

Aunque también entiende que es difícil que eso impacte a nivel social y cultural: «Cuando son cambios subjetivos y transformaciones tan personales, es difícil hacer un número y mostrar la efectividad de una política pública».

Sin embargo, la percepción de los espacios de atención de estos varones (hay varios en el país, en Córdoba está el Centro Integral de Varones en situación de violencia) es que las transformaciones existen.

«El trabajo es mínimo un año, no son tres meses o dos semanas. No es que a ese varón le digo algo, le bajo línea y esa persona modifica su comportamiento. Necesitamos recursos, que haya más espacios. Hay muchísima lista de espera en los lugares, muchos se acercan voluntariamente. También hay más denuncias. Hay espacios que no dan abasto. Para ver si algo funciona tenemos que dotarlos de recursos adecuados».

Entrevista realizada en la columna En Revisión, sobre masculinidades, por F Javier Vargas. Imagen: Agustina Salinas.

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