«Subversión de Marta Dillon por Gabriela Estofán»

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Ni una mujer menos muerta
por ser mujer y haberse atrevido a decir no,
no al uso de su cuerpo,
no a ser cercada dentro de relaciones violentas,
no a que se recorte su participación en la sociedad, la política, los encuentros con amigas, el trabajo o la actividad que ella decida.
La violencia machista existe para eso:
para aleccionar a las mujeres,
para reponerlas en un lugar subalterno frente a la autoridad masculina,
frente al acuerdo de que los varones tienen una sexualidad compulsiva
y las mujeres deberían cuidarse de provocarlos o pagar las consecuencias;
es el intento desesperado por custodiar un orden de dominación
que se hace visible cuando siente que tambalea y entonces se impone con violencia.
Se hace visible cuando las mujeres reclaman soberanía sobre sus cuerpos, sus vidas, sus relaciones,
y entonces quienes desde siempre detentaron privilegios temen perderlos
y aplican su propia lógica de poder:
la reducción de la autoestima, la descalificación, el acoso sexual, los golpes, hasta la muerte.
Es necesario delatar los mecanismos de un sistema patriarcal que ya no se resiste
pero que se defiende de la decadencia a golpes de puño.
Nos importan las muertes de las mujeres,
69 femicidios en 69 días
nos importan sus vidas, sus trayectorias, sus historias, sus voces.
Importan vivas, libres y autónomas.